sábado, 25 de abril de 2015

Educadores gallegos piden más medios para evitar riesgos

Esta semana, y desde la prensa local he tenido la oportunidad de hablar de educación y poder expresar mis inquietudes en temas relacionados con la violencia en el aula, los problemas de conducta y la necesidad de implementar programas de mejora de la convivencia que permitan formar e informar a padres, profesores y alumnado y que permitan no sólo reducir los niveles de violencia sino también los de absentismo escolar".

Desde Positivando ofrezco este Programa de mejora de la convivencia y si desde la Dirección, ANPA, Equipo coordinador de tu entidad, centro escolar, centro de educación especial, asociación consideras importante la implementación de este programa u otro de características similares puedes ponerte en contacto con nosotros a través de este formulario en nuestra web.

Desde el Faro de Vigo, contamos...
 
"Padres y profes no están formados para este cambio social"

"Hay acoso escolar en las aulas pero si no se habla de ello púbLicamente, nunca se atenderá con los recursos necesarios" 


 La pedagoga y experta en intervención social gallega Paula Suárez ha estrenado recientemente una experiencia piloto de "mejora de la convivencia" en un instituto público de Bueu con el gabinete "Positivando".

Tras detectarse "niveles de agresividad muy altos" en el ámbito educativo, esta profesional se puso manos a la obra. 

"Hay acoso escolar en las aulas pero si no se habla de ello públicamente, nunca se atenderá con los recursos necesarios", sostiene. Por medio de tutorías y reuniones formativas con padres y profesores, el objetivo de su proyecto es "intentar minimizar los riesgos en situaciones que generan problemas de agresividad y violencia" y llevan tres meses trabajando con estudiantes. Con respecto al alumno agresor, Paula Suárez cree que "probablemente no se hayan sabido leer comportamientos previos de este chico, que le habrán llevado a un alto nivel de violencia". Y también sostiene que la "crisis económica genera una crisis de valores". Además profesores y padres no están formados para a tender a todo este cambio social; es un problema de falta de tiempo y valores", valora. Al mismo tiempo, los chavales son menos afectivos y más consumistas.

martes, 7 de abril de 2015

Un encuentro con el TDA-H



                                Día: 25 de Abril de 2015

                                    Hora: 11:00h- 13:00h


                                      Precio: 15€ persona

               Inscripción: info@positivando.net (698 144 130)

                     (más información en cartel promocional)

Propuesta formativa que nace de la colaboración de dos profesionales del ámbito de la salud y la educación respectivamente, Freddy Acevedo y Paula Suárez que uniendo su experiencia y sus conocimientos desean aportar nuevas alternativas terapéuticas y herramientas educativas positivas al actual uso y abuso de los tratamientos farmacológicos en los más jóvenes.


Altamente sensibilizados con el daño provocado por el "etiquetaje" generado en los menores diagnosticados y medicados y tras años de experiencia, en este caso concreto, con pacientes diagnosticados de TDA-H desde esta formación ofrecerán su visión desde la perspectiva de las terapias naturales y desde la educación desde una perspectiva integral e integradora.

Un encuentro educativo con el TDA-H. Desde la etapa infantil hacia la adolescencia: Diagnóstico, Características, Sintomatología, Trastornos asociados y Manejo de las conductas.

domingo, 29 de marzo de 2015

El abandono... un sentimiento observable!

El abandono familiar
He logrado ver el sentimiento de abandono de un niño o una niña, digo ver porque pienso que el abandono en una persona no se siente, se ve, se observa, en el color de su mirada, en el candor de la sonrisa, en la calidez de un abrazo, en el agarre de una mano, en el soporte del regazo o en la espera de una palabra.
He visto el abandono en muchas de sus casuísticas, también lo he percibido en el dolor activo de la parálisis de las emociones porque sentirlo paraliza, genera miedo, pánico y sí que hay que aprender a verlo, percibirlo y notarlo... porque! sentirlo es imposible!.


Sobre el abandono se interviene, se trabaja, se educa, se rehabilita, se reeduca pero éste no se olvida, es una carga emocional imposible de reparar en su totalidad. El abandono familiar es un daño emocional, un daño incomprendido, una desaparición sin respuesta, una ausencia de causa y de motivo, una falta de respuestas de por vida y una ruptura de las raíces biológicas, del ser y del existir.
Y las posibles respuestas por ende, vendrán siempre de boca de terceras personas... ¡verdad o mentira! la persona abandonada, la niña o niño, debe depositar su confianza en terceras personas.

 ¿Cómo se genera esta confianza? 
¿Por qué si ya me han engañado tengo que volver a confiar? 
¿Por qué sé que lo que me cuentas es verdad? 
¿Porque tú lo sabes? 
¿Mi vida a quién pertenece? 
¿Quién soy?

Estas interrogantes son tan sólo un pequeño ejemplo de las dudas, miedos, temeridades y desequilibrios que aparecen así sin más.


El abandono familiar es el peor de los silencios, la peor de las desapariciones para quien la padece. 

La responsabilidad de las personas que trabajamos en el ámbito de la intervención familiar como parte implicada en la protección de la infancia es intervenir sobre el daño de manera eficaz y eficiente y ofrecer nuevas alternativas posiblemente mejores, quizás no peores.
El coste para las personas es muy alto pero quizás también sería muy elevado el coste de vivir el abandono sin haber sido abandonado "del todo". 

Esta reflexión tiene difícil respuesta, el hábitat natural de desarrollo es la familia entendiendo el concepto familia como un concepto de convivencia entre personas que se encuentra en constante cambio. 
¿Cuál es el coste personal, físico, psicológico y emocional que debe pasar el menor por permanecer con los miembros de su familia nuclear? 
¿Y extensa? 
¿Y adoptiva? 
¿Y acogedora?

El modelo de familia no debería ser el punto de mira y sí las condiciones en las que los menores viven, en muchas ocasiones condiciones que un adulto sería incapaz de soportar o mantener en el tiempo pero parece que nos encontramos en una sociedad en la que aquello que no se ve y de lo que no se habla, no importa.
Y hoy no entraré en este debate pero en nuestra sociedad se habla por ejemplo que un menor cuándo inicia un proceso de adopción o acogimiento está de enhorabuena porque se le han acabado sus problemas... tremendo error de pensamiento, sus problemas no acaban, inicia una nueva vida pero ello no siempre significa que sus atenciones sean las adecuadas a sus necesidades,  tiene que aprender a construir una nueva vida en torno a unas personas desconocidas y tiene que aprender a entender su historia, su pasado y su abandono, sus raíces no existen, el vínculo se ha perdido y el apego hay que trabajarlo 

¿el niño o la niña? 
¿La familia adoptiva o acogedora? 
O quizás ambos... 

Siempre se enfatiza en el menor, es el que siempre está en el punto de mira y sobre el que se cuantifican sus conductas en buenas o malas y quién realmente debe proteger, educar y atender son las personas de la familia adulta y aquí el camino por crear es largo. No existe formación de calidad, no hay seguimientos exhaustivos ni actuaciones de prevención que tengan como objetivo la protección del menor. 
Mucho silencio en torno a estos temas, muchas experiencias traumáticas por contar, muchas familias destrozadas y muchos menores abandonados más de dos veces. ¿La culpa de las familias? en absoluto..., para ellas sufrimiento, dolor, vergüenza, pánico y en muchas ocasiones separaciones provocadas por situaciones familiares insostenibles en donde la causa radica en el desconocimiento.


 Administraciones, instituciones, leyes, dotaciones presupuestarias, formación, interés y preocupación y la vida sería más sencilla para todos y todas pero... nadie alza la voz ante estas situaciones!
¿Y es que a nadie le importa? A mí sí y mucho.

sábado, 14 de febreiro de 2015

Una realidad social, una enfermedad llamada cáncer infantil


El día 15 de Febrero, se celebra el Día Internacional contra el cáncer infantil y las últimas estadísticas con las que me he encontrado nos informan que en España se diagnostican al año alrededor de 1.300 nuevos casos siendo además la primera causa de mortandad infantil en menores de 14 años. También es cierto que pese a esta realidad, la curación de los menores es alta situándose en torno al 80%.

A nivel mundial he leído que el 80% de los menores que fallecen pertenecen a países en vías de desarrollo, una nueva brecha abierta que refleja las diferencias entre clases sociales y que redundan en beneficio del poder económico.





Entre estos datos, yo quiero hablar de personas no quiero hablar de estadísticas, ni números ni cifras. Quiero hablar de los niños y niñas que forman parte de esta realidad médica y quiero hablar de la superación y su curación desde una perspectiva diferente, quiero hablar de las vivencias de aquellos niños y niñas que estando enfermos no tienen establecida su residencia en el domicilio familiar sino que tienen establecida su residencia en un centro de atención a la infancia o quizás en una residencia habilitada para ellos y cercana al hospital, quiero resaltar su fuerza y su lucha porque de corazón que ésta no pierde interés y mucho menos intensidad, son luchadores natos con un espíritu de superación, fuerza y paciencia digna de ser alabada y explicada a la sociedad desde el contexto y entorno en el que se encuentra.

Siempre se habla que la importancia de la recuperación en este tipo de enfermedad está muy vinculada al nivel de implicación familiar y a la preparación del entorno profesional que le acoge, sin obviar en absoluto la fuerza y el tesón del pequeño enfermo que siempre nos demuestran tener fuerza para superarse y superarnos.

La importancia del acompañamiento, el cariño, la tranquilidad, sencillamente el estar y el arropo que se presupone debe proceder de la familia no se modifica, se modifica la estructura convivencial y la perspectiva cambia pero todo ello bien tratado y planificado minimizará riesgos y aunará esfuerzos en pro del beneficio de la persona enferma.



Tanto la institución en sí misma como el grupo de convivencia deben aprender a conformar ese entorno y debe adaptarse a las necesidades del menor convaleciente durante toda la etapa de diagnóstico, tratamiento y recuperación.





El residir en una vivienda de atención a la infancia no lleva implícito que estas premisas desaparezcan y ni tan siquiera tengan que desaparecer sino que a partir del diagnóstico médico hay que establecer una redefinición de las necesidades y de las prioridades tanto en el núcleo de convivencia, no debemos obviar que el menor afectado por la enfermedad comparte espacio de vida con otros niños y niñas no pertenecientes a su familia biológica, como en la estructura de los profesionales educativos responsables de su atención integral.



En relación a los profesionales educativos, es un nuevo proceso, con nuevas responsabilidades y nuevas sensibilidades  que se debe incluir dentro de un proceso de trabajo pre-establecido y organizado. El acompañamiento médico, los períodos de ingreso hospitalario, las largas jornadas de quimioterapia y/o radiología, las medicaciones, la alimentación, las prescripciones medicas, los controles sanitarios y de higiene, son muchos los procesos que se inician, que modifican las normas estructurales del día a día y que conlleva que estos profesionales deben extrapolar sus aprendizajes y conocimientos a una nueva necesidad muchas veces de carácter vital y atemporal, sabemos cuándo la enfermedad comienza porque ya tiene nombre pero se desconoce cuándo va a finalizar ni cuáles serán las consecuencias, lo importante y necesario es estar.



En estas situaciones, la experiencia me recuerda que es muy importante estar y mantener el referente porque hay momentos en que las circunstancias precisan de la incorporación de personal de apoyo para poder atender, por ejemplo, los momentos de hospitalización y éstas deben ser asimismo personas formadas con la experiencia y titulación requerida.




Un buen ejemplo de buen trato y buenas prácticas ante situaciones complicadas son los propios compañeros de vivienda, este núcleo convivencial adquiere un espacio relevante, ellas y ellos de por sí van a arropar al menor manteniendo actitud colaborativa y de respeto. Sólo van a precisar entender qué sucede, es importante explicarles qué ocurre, siempre respetando la intimidad de la persona afectada y sin necesidad de ofrecer más datos que aquellos que afecten a la situación, es importante que se entienda que la persona necesita más tranquilidad y sosiego de lo habitual, que estará más cansado, que pasará días malos, que en ocasiones llorará y no entenderemos siempre los motivos... debemos prepararlos y hacerlos partícipes de la adaptación del ambiente. Es importante que sientan qué suede y qué comportamientos deben adoptar, lo demás nos lo aportará el día a día, la convivencia y el propio enfermo- enferma.
Los profesionales sanitarios también tienen un papel importante y aunque en menor medida, deben extrapolar sus conocimientos y las propias rutinas laborales y adecuarse a la situación del menor desde un planteamiento diferente porque no van a estar con la familia biológica del paciente sino que van a tratar con profesionales del ámbito de la educación y aún siendo la persona de referencia la misma, las perspectivas, las formas, los miedos, las necesidades y las tensiones se generan de modo diferente.


Y como premisa fundamental, el trabajo en equipo se convierte en una máxima por el bien del menor y por su salud, hay que establecer las mejores conexiones de diálogo por todas las partes porque sus miedos, sus necesidades, sus intereses también serán diferentes no sólo por su espacio de residencia sino por las carencias familiares, personales, afectivas, emocionales, sociales y educativas sobre las que le ha tocado luchar estando y sin estar enfermo.

Y aquí radica la verdadera fuerza, energía y lucha de estos jóvenes que por circunstancias familiares no han tenido las mismas vivencias positivas que otras personas de su entorno y que no por ello hay que etiquetarlas, ni ponerles muros y barreras, ni juzgarlas, quizás en ocasiones nos olvidamos, quizás a veces no lo vemos pero todas las personas somos personas con una vida por vivir. 



Toda lucha merece un reconocimiento! Por todas las niñas y niños que nacen luchando y crecen viviendo muchos besos porque sois unos campeones!!


Para ampliar mayor información sobre este tema os dejo este enlace que cuenta con información y actividades para niños y padres