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xoves, 5 de xaneiro de 2017

Mi deseo para la infancia #ReyesMagos



Un año más alzo mi voz por la infancia, por la educación, la enseñanza, la protección, el respeto y la igualdad en el trato  y así se lo hago saber a sus majestades reales...

Queridos Reyes Magos:
"Mi deseo es que todas las niñas y niños del mundo tengan la misma oportunidad de crecer, sonreir, vivir y sentir que yo"

* Autoridades competentes, políticos, padres, madres, tutores legales, maestros, educadores familiares, asistentes sociales, profesionales de la sanidad... y población en general... quizás nos toque a todas y todos aportar nuestro granito de arena... y que a continuación de los buenos propósitos, pensamientos y acciones de sensibilización, 2017 se reconozca como el año de la acción.

 

martes, 5 de xaneiro de 2016

Protección, Apego, Afecto y Confianza! Un deseo real para la infancia




Un año más, un día más, y coincidiendo con un día tan mágico como el "Día que vienen los Reyes, qué nervios...." alzo mi  voz por la infancia y así me gustaría llegara mi carta a sus majestades las más reales.

"Mi deseo es que todas las niñas y niños del mundo tengan las mismas oportunidades de crecer, sonreír, vivir y sentir que yo".

No es sólo un deseo es un sentimiento que me acompaña día a día al observar a mi alrededor un estado del bienestar cada día más desigual donde la infancia y la educación no parecen ser prioritarias. 

"Recuerdo mi infancia como una infancia feliz, muy feliz, a pesar de mis lloros, pataletas, enfados y miedos. Recuerdo jugar mucho, en la calle con mis amigos del barrio y mis compañeros del colegio. Recuerdo que lo importante no era el tipo de juego sino el juego en sí y el estar todos juntos pasándolo bien y gastando toda la energía acumulada durante las clases magistrales del Colegio. Clases magistrales divertidas? Quizás no siempre pero creo que incluso esos tiempos me han enseñado a aprender a aburrirme y estar conmigo misma sin protestar. 

Estas eran parte de mis preocupaciones, mi obligación era vivir y disfrutar de mi niñez, eso sí atenta a la llamada de mi madre para tomar la merienda y a su segunda llamada para volver a casa. Recuerdo un mundo de preocupaciones propias de mi edad, recuerdo aprender a tomar decisiones, a descubrir mi lado simpático y divertido frente al más llorón, aceptar las normas del juego, aprender a ganar pero sobre todo a perder y aprender a gestionar mis conflictos con mis amigos en un "de tú a tú", mis padres no estaban siempre tan presentes como para sacarme las "castañas del fuego" y yo recuerdo ser feliz.

No recuerdo tener preocupaciones de "adulto", ni tener que organizar mi tiempo yo sola, no recuerdo sentirme abandonada y sí recuerdo sentirme querida por quien era no tanto por lo que hacía ni lo que querían que hiciera.


Con mejores o peores momentos, he vivido mi infancia como la niña que fui, el abandono no entraba en mi vida, el maltrato me quedaba muy lejos, no he pasado horas sola, ni he estado deambulando de actividad en actividad. Mi círculo de acción no era grande, era mi barrio y todas las personas que en él nos movíamos.  No recuerdo vivir con inseguridades, ni miedos, ni fobias y no hablo de dinero, ni de excesos materiales.


Protección, Apego, Afecto y Confianza... 4 pilares que NUNCA deben faltar en la vida de un niño, no hablo sólo de sus derechos por todos conocidos, hablo del respeto a la vida, a las personas y al poder mágico de la educación.

Majestades las más reales:

"Autoridades competentes, políticos, padres, madres, tutores, pedagogos, maestros, educadores familiares, trabajadores sociales, asistentes sociales, técnicos de menores, profesionales de la sanidad y población en general... quizás nos toque a todos aportar nuestro granito de arena".

Mi deseo... mi sentimiento... 

"Que todas las niñas y niños del mundo tengan las mismas oportunidades de crecer, sonreír, vivir y sentir que yo"


martes, 9 de xuño de 2015

Una llamada desde el maltrato infantil



"Mi corazón desangra como una fuente para llevar a cabo una vida sencilla y amorosa"

Estas son palabras, escritas por una persona de 13 años, por un chico que entra en la adolescencia con un conflicto personal marcado por años de maltrato y cuya consecuencia, una de las muchas, es que no logra entender quién es, quién debe ser y cómo debe comportarse. Sus deseos, sus necesidades, sus actos y sus pensamientos no se encuentran en armonía. Su palabra hablada es un tú, su palabra escrita es un yo y sus comportamientos no son más que un tipo de respuesta en consonancia con sus carencias y sus quereres.  


Son también palabras escritas desde su cariño, palabras que en su momento, hace unos 12 años me fueron entregadas  siendo yo su "guardadora legal" y que recogí como una petición, como un deseo y como un camino sobre el que desarrollar mi intervención pedagógica. Son palabras que leí siendo muy consciente del alto grado de dolor e ilusión que sobre ellas depositaba.

Son palabras escritas que no habladas, porque no es lo mismo aquello que sale de nuestra conciencia cercana en la que solemos encontrar un reflejo de nuestro yo que aquello que nace desde la parte más desconocida, desde esa parte de nuestro cerebro que no logramos leer y que no nos permite que se recuerden, verbalicen ni lleguen a comprender pensamientos, sentimientos, odios, vivencias, deseos, sensaciones y emociones. Son palabras, posiblemente inconscientes y no por ello irreales, palabras que ha logrado escribir y que al transcribirlas y leerlas ni siquiera ha sido capaz de entender la grandiosidad de su significado. 

"Mi corazón desangra como una fuente para llevar a cabo una vida sencilla y amorosa"

Son palabras consecuencia del maltrato sufrido en la infancia, consecuencia del abandono, de más de un golpe, de más de un insulto y de más de una vejación pública. El amor se confunde con el odio y el dolor, querer es sinónimo de sufrimiento, que te quieran es que te hagan llorar, es estar triste y continuar sufriendo y, confiar en una persona es someterse a su posterior abandono. 

Un niño que desde su llegada al mundo vive en la ira, el abandono, el llanto continuado, la violencia y el azote como forma de callar-te porque siempre estás equivocado, hablas cuándo no debes, eres malo y no sabes comportarte.

Son palabras que denotan una corta experiencia de vida cargada de crueldad y engaño con unas consecuencias que van más allá de lo que los manuales sobre el maltrato, físico- psicológico y sexual nos cuentan porque estos manuales nos hablan de indicativos para detectar posibles situaciones de maltrato pero no nos hablan de las consecuencias del daño. Este adolescente confunde la verdad con la mentira, la alegría con la tristeza, la felicidad con la inseguridad, el amor con el odio,  no sabe si sufrir es bueno, si amar es malo, si se debe querer o poseer y si se deben dar las gracias o quedarse callado es la mejor de las opciones.

Sus deseos son sentir, sentirse bien, tener amigos, estar a la altura de aquello que los demás esperan de él, quiere tener los problemas adecuados a su edad, quiere sentirse integrado. En definitiva, intentar vivir en un mundo en el que ha aprendido a vivir como si fuera otro mundo.

Se les llama víctimas de violencia, son menores maltratados, abusados y en muchas ocasiones son las personas que más utilizan la violencia para protegerse y sobreprotegerse de lo que han vivido. Son supervivientes de una forma de vida cruel, son jóvenes con etiqueta y pese a todo son personas fuertes y luchadoras, su primer enemigo son ellos mismos por lo que los adultos han creado, permitido y les han inculcado ser. Necesitan su tiempo, su espacio y procesos de intervención psicológica y pedagógica para alcanzarse a sí mismos y a las imposiciones marcadas por vivir en sociedad y cuando logran superar sus popias etiquetas, se convierten en pequeños luchadores que además de no ser vistos ni valorados en sus esfuerzos conocen de muy primera mano el valor del sufrimiento y del dolor desde la pérdida, el fracaso y la victoria-.